Una cebolla rota

Nunca pensé que mi felicidad y bienestar pudiesen depender de una pequeña cebolla verde.

Para aquellos a quien aún no les sea familiar, es una aplicación, que te permite acceder a Internet utilizando una dirección IP que se mueve por toda una comunidad. El proyecto llamado TOR (The Onion Routing) se inició para ayudar a la gente en áreas de extrema vigilancia en la red para dar la vuelta a los firewalls y comunicar con el mundo exterior. La red de relays (re-transmisores) se construye por voluntarios que donan cierta cantidad de ancho de banda y dejan sus computadoras encendidas con el propósito de ayudar a la gente en lugares como China e Irán. El ícono del software tiene la forma de una cebolla ([por su diseño en capas]), que rápidamente ha llegado a ser un producto de primera necesidad en muchos hogares de China.

Hoy, la vida en China es descrita y muy distinta según se encuentre dentro o fuera del Gran Muro [(Firewall)]. A menudo para una simple búsqueda de investigación, nos vemos forzados a encender la pequeña cebolla verde y escalar para ir al otro lado del muro. Y ni siquiera es que todo sea ‘información sensible’, sino meramente cosas como un artista mostrando sus imágenes en flicker o un video en YouTube.

Cierto número de esta enorme población ha llegado a ser muy hábil escalando este Gran Muro; y encontrar un amigo del otro lado de ese muro es también como reunirse con un viejo amigo en un abrazo al atardecer.

Esta mañana, cuando encendí mi computadora, encontré una cebolla rota, dejándome en la completa oscuridad. Especialmente después de la breve manifestación en la calle Chang’An del día de ayer (22 de febrero) realizada por Aiweiwei y algunos artistas amigos y paisanos míos, moría por encontrar noticias acerca de este suceso.

Encontrándose a 2,500 kilómetros de distancia de Beijing, y con el corazón hecho trizas por las fotos que recibí la noche anterior acerca de un ataque a mi pueblo por la mafia local, no podía sino romper a llorar, casi con certeza el gobierno logró desactivar Tor; y sólo podría apenas imaginar lo que le ocurrió a aquella gente. Después de todo, una manifestación sin pedir permiso puede fácilmente enviarte a la cárcel.

Después de un rearranque de la computora, mi querida cebollita mágicamente revivió por sí misma. Ahora estoy de vuelta en mi rutina diaria, pero tal vez no tan felizmente como deliberadamente.

Mientras escribo estas palabras, tengo la esperanza de que todas y todos ustedes que viven una vida ‘normal’ fuera del Gran Muro, considerarían llegar a ser un relay [(un mini servidor)] para el proyecto Tor. Mientras, el gobierno está cerrando constantemente IPs conocidas, que son usadas como puente.

No tienes idea de cuanto dependemos de tu buena voluntad para ayudarnos. Por favor refiérete a los detalles en el sitio del proyecto Tor.

Muchas gracias,

en nombre de una gran población que vivimos en una pequeña cebolla del otro lado del MURO.

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